Este mes de Marzo proliferan las Jornadas de Puertas Abiertas de escuelas y colegios con el propósito de captar nuevos alumnos de cara al próximo curso. Son numerosos los centros educativos que se lanzan a la realización de esta práctica de marketing educativo emulando acciones comerciales propias de otros sectores. El objetivo de estas jornadas es claro, atraer nuevos usuarios a fin de mantener un número de matriculaciones que garantice la rentabilidad del centro, trabajar la fidelización con las familias que ya son clientes

Jornadas Puertas Abiertas Escuela Marketing Educativo

La situación actual de la oferta educativa nos ubica en una disyuntiva en la que es mayor la capacidad de oferta de los centros en cuanto a plazas abiertas que demanda existente. Esto provoca una guerra comercial entre escuelas y colegios por absorber el mayor número posible de familias interesadas en su oferta formativa y los servicios educativos que cada cual ofrece. El problema de esta guerra: la homogeneidad de la acción comercial y la escasa propuesta de valor ofrecida.

Las escuelas, al no disponer de áreas de Marketing y Comercialización, centran su atractivo en hacer coincidir, habitualmente, estas jornadas de puertas abiertas con la semana cultural. Así, pueden mostrar el trabajo que se desarrolla dentro de las aulas, crear unas jornadas festivas y exhibir las instalaciones y recursos disponibles. Esta estrategia de acción, a mi entender, es una práctica adecuada pero que obvia lo principal y se queda en lo accesorio al convertirse en flor de un día.

El servicio que un centro educativo ofrece no debe ser mostrado y exhibido en un solo día, sino que es una acción que, continuamente, debe estar viva. El centro debe tener siempre las puertas abiertas a la comunidad con la que se relaciona y el entorno en el que se ubica: alumnos, familia, vecinos, instituciones, empresas… porque lo que busca, para todos ellos, es el crecimiento, desarrollo integral, capacidad de adaptación a los cambios, mejora de los niveles de bienestar y calidad de vida para todos ellos. Son estos fines y cómo la escuela, todo su equipo de trabajo y colaboradores debe exhibir, si lo que desea es sobrevivir a largo plazo, los servicios y acciones concretas que lleva a cabo para conseguirlo.

Hacer de las jornadas de puertas abiertas una fiesta está muy bien y también es necesario. Una escuela debe trabajar en la relación emocional con el entorno y comunicarla. Los resultados académicos, disponer de la última tecnología, emplear la más moderna metodología en la enseñanza de matemáticas, y contar con las aulas mejor equipadas venden sí, no lo vamos a discutir, pero una escuela debe ser algo más y exhibirlo. Una escuela que inspira, que motiva, que ofrece soluciones, que está de forma continua en relación con su comunidad y no sólo de puerta hacia dentro, es una escuela viva que busca, transforma y crea nuevas relaciones. Una escuela que implica y que traslada el mensaje de que le pertenece, nos pertenece, a todos.

Por ello, unas jornadas de puertas abiertas no deben ser algo puntual por la que se permite que la comunidad, el vecindario, las personas interesadas pueden acceder a las instalaciones del centro. Las jornadas de puertas abiertas deben ser y estar cada día activas, siendo la escuela la que traspase los muros del centro, dando a conocer su tarea, su quehacer y su forma de contribuir al bienestar de todos cada hora, cada día.

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