Capital humano en España: derrochando talento

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El Banco de España publicó hace unos meses su informe anual donde revisa la situación económica española. Entre los resultados presentados, resulta llamativo el apunte que realiza acerca del bajo nivel de capacitación tanto de los empresarios como los trabajadores españoles en comparación con el resto de países de la Unión Europea.

En el informe se hace un repaso a la situación competitiva del mercado español y entre los distintos factores enumerados destaca la incapacidad de las empresas españolas para adoptar y generar innovación. No es un hecho nuevo, pues ya es bien conocido y sabido el papel marginal que la I+D+i tiene en este país, lo cual, al mismo tiempo lastra la competitividad y productividad del tejido empresarial.

Hemos arrastrado durante años una cultura en la que la formación se consideraba innecesaria una vez conseguido un empleo

En país las políticas públicas no han ido destinadas a crear una cultura de la innovación y del desarrollo tecnológico como impulsor y transformador de la actividad económica. De este modo la economía española se sostiene en la comercialización de bienes y servicios de escaso valor agregado que mina la competitividad de las empresas españolas que desean saltar a escenarios internacionales.

Bien es cierto que hay sectores, como la construcción y el desarrollo de infraestructuras, en los que la empresas españolas son competitivas en mercados internacionales pero se trata de un sector de escaso o nulo valor agregado. Sucede que un país donde no se incentiva la innovación ni la reasignación de factores de producción para buscar una mejora de la productividad el tejido empresarial se estanca, pues toda medida no se centra en la proacción sino en la reacción ante escenarios imprevistos lo cual ralentiza la adaptación y la capacidad misma de adaptarse a un nuevo escenario competitivo. Este derroche de recursos y oportunidades trae como consecuencia que el capital humano de España sea el más desaprovechado de la Unión Europea.

Ha llegado el momento de poner fin a la falsa vanidad de un empresario por el hecho de serlo ya está en posesión de todo el conocimiento necesario para gestionar su empresa.

Pero no debemos caer sólo en que la responsabilidad es sólo de los dirigentes. Estos actúan en base a las demandas de mejora, las necesidades detectadas y manifestadas por sus ciudadanos y  organizaciones. Tal y como alerta el informe del Banco de España nuestro tejido empresarial directivo y de trabajadores ha visto, durante mucho tiempo, que la formación se vuelve innecesaria una vez alcanzado un puesto de trabajo o quien monta una empresa no necesita actualizar conocimiento ni siquiera adquirirlo ya que el hecho de emprender va ligado al cliché “sé lo que hago”.

Esta cultura de empresa, del trabajo y del trabajador lastra la competitividad de la economía española pues gran parte de la masa de trabajadores, no tanto las nuevas generaciones que se incorporan, manifiestan grandes carencias formativas, especialmente en habilidades de gestión y de política de recursos humanos entre los empresarios, y de adaptación al cambio tecnológico por parte de los trabajadores. Trabajadores que una vez se encuentran en desempleo se encuentran con una situación nueva al tener que volver una dinámica de formación y aprendizaje en la que están perdidos pues no se saben desenvolver en ella.

Si llevamos el análisis a la provincia de este capital humano y el escaso tiempo vital dedicado a formarse veríamos que en España, en Madrid y las tres provincias del Píss Vasco es donde se acumula el mayor capital humano, mientras que en Zamora, Cuenca y Almería se concentran los mayores déficits en formación por parte de sus trabajadores.

Se ha de trabajar y formar a los ciudadanos en su capacidad para trazar sus itinerarios formativos estratégicos de forma que respondan a sus proyectos de vida.

Desde mi labor como docente tanto en empresa, como para trabajadores y desempleados detecto una falta de planificación estratégica en la elección de itinerarios formativos. Tanto por parte de la empresa para que estos casen con sus planes estratégicos como de los desempleados en aras de optimizar su capacidad para reengancharse a un nuevo empleo pues tienden a vincularse o formarse en lo primero que sale.

Forma parte de todos el poner en importancia el valor de la formación continua con una oferta adecuada tanto en sistema educativo reglado como en la formación profesional u ocupacional. Necesita para ello de un enfoque estratégico, responsabilidad de todos, que permita y facilite la innovación empresarial, el desarrollo de habilidades cognitivas en empresarios y trabajadores así como la adquisición de destrezas directivas, organizativas, gestión de recursos…

Lograrlo mejorará la competitividad y la productividad de capital humano español, redundando por ende en un desarrollo personal y social sostenible y sustentable, porque la mejor inversión económica es, ha sido y será, invertir en la propia gente.

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