Redes y Networking educar en conectividad

Redes y networking marketing de la conectividad

Redes y Networking. Orígenes y evolución

La creación de redes y el networking nos ha acompañado siempre. Somos seres sociales que necesitamos de los demás para poder sobrevivir y desarrollarnos. Nuestras posibilidades de supervivencia desde el aislamiento se reducen a cero. Es tan importante que desarrollemos la capacidad de integrarnos en un grupo y conectar con los demás que, en el mismo momento de nacer, ya socializamos al incorporarnos a una familia.

A lo largo de la nuestra historia hemos ido desarrollando tecnologías que nos han permitido aumentar nuestra capacidad de relación y de extensión de redes. Estas tecnologías han aumentado nuestra capacidad de relación y la inteligencia de los grupos en los que nos desenvolvemos, pues han facilitado la capacidad de expresar, difundir y acceder al conocimiento de cada uno de los integrantes del grupo social.

El desarrollo tecnológico ha permitido la ampliación de las redes personales, económicas, sociales y políticas

La primera tecnología que nos permitió aumentar nuestra capacidad de interrelación y el intercambio de conocimiento fue el fuego. Alrededor de él pequeños grupos de personas se reunían para intercambiar comida, experiencias, repartir tareas, explicarse el mundo… Con la llegada de la agricultura se consiguió que los grupos incorporasen a más miembros, se comenzó a planificar de forma colectiva las cosechas y se dieron los primeros intercambios, dando con ello origen a la propiedad privada.

La siguiente revolución tecnológica proviene de la Revolución Industrial y la mecanización del trabajo gracias a la máquina de vapor. En este momento los asentamientos de población crecen alrededor del nacimiento de la industria. Las ciudades crecen y multiplican su población, obligando a sus habitantes a desarrollar relaciones con personas y colectivos de lugares de procedencia muy dispares. Hecho que se ve aumentado con el desarrollo de infraestructuras y el desarrollo del comercio internacional.

A esta primera Revolución Industrial le continúa la segunda con la explotación del petróleo y el desarrollo de la electricidad. Esto posibilita el desarrollo de nuevos medios de transporte que permiten reducir el tiempo de los desplazamientos y, con la llegada de a electricidad, la proliferación de dispositivos que permiten poner en contacto de manera síncrona a personas, independientemente, salvando el obstáculo de la distancia.Aparece el teléfono, la radio, la televisión… Tecnologías que además de comunicar ayudan a difundir información y crear conocimiento.

Hoy por hoy estamos en la última etapa, la revolución digital. El desarrollo de la tecnología digital nos brinda la oportunidad de poder estar en contacto con cualquier persona, tener acceso a conocimiento e incluso a su elaboración en movilidad. Lo digital nos permite mantener contacto simultáneo con cualquier persona, empresa o institución en tiempo real y sin limitaciones espaciales.

El propósito de las redes

Estamos rodeados de publicaciones, gurús, prospectores, recomendadrores, artículos… que insisten en la importancia de establecer relaciones para alcanzar nuestros objetivos. La importancia de ser capaces de construir redes y saber desenvolverse dentro de ellas. Esto no quiere decir tener un perfil en Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat o WhatsApp. Pues estas redes sociales digitales son medios que facilitan la conectividad pero por sí solas no ofrecen ningún resultado si no tienen un propósito definido.

Podemos tener el deseo de querer desarrollar la mayor red y estar conectados pero si el fin con el que queremos crearla es equivocado no servirá de nada. El error más habitual que cometemos es pecar de superficiales al construir al desarrollar un networking personal, profesional o empresarial. Afrontamos las redes sociales como un recurso del que disponemos para contactar con alguien que necesitamos o como un mero intercambio de tarjetas de presentación.

Por desgracia, perpetuamos el equívoco, especialmente en la esfera profesional y de negocios, de buscar desarrollar la red mediante aquellos a quienes tengamos algo que ofrecerle o venderle. Si cambiamos esta finalidad por otra más solidaria y humana: acercarnos a los otros porque nos ofrecen la oportunidad de conocerles y demostrarles un interés real en ellos resultará más sencillo fortalecer la red y aumentará su capacidad de desarrollo.

El lugar donde nacemos y nos desenvolvemos determinan el tipo y capacidad de influencia que tenemos

Las redes se deben construir ante todo bajo la premisa de originar interacciones interpersonales en donde el fin de la misma sea el disfrute del otro. Se trata de ser capaces de encontrar momentos en que ni una parte ni otra se necesiten en base a un interés egoísta, sino desde el mero deseo de encontrarse. Si no existe este deseo genuino no podrá aparecer el pilar de toda relación: el establecimiento de un vínculo mediante la generosidad y el ofrecimiento de ayuda desinteresada.

Una de las claves de construcción de redes estriba en conocer gente en persona, no sirve de mucho establecer solo relaciones digitales, y averiguar cómo podemos serles de ayuda. Si nos mostramos generosos, amables sin esperar una contraprestación conseguiremos el afecto de la red y, antes o después, se generará correspondencia.

Una red se expande y se fortalece en la medida que se utiliza

Una red poderosa se crea, sostiene y crece invirtiendo en ella a lo largo del tiempo de forma continuada. Se trata de ofrecer ayuda continua y servir de conector de unas personas y otras de nuestra red, sin buscar nuestro interés, sino el de aquellos a quienes ponemos en contacto. Por contra, si pensamos que nuestra red sólo no es útil a nosotros mimos a la larga se debilitará e irá menguando progresivamente. Si se busca buscar la forma de cómo colaborar con los distintos nodos de nuestra red y ponerles en contacto para que se brinden ayuda, estaremos invirtiendo en la dirección adecuada y aumentaremos nuestra capacidad de influencia.

Hemos de ser capaces de compartir nuestra red con los demás, no apropiarnos de ella. Nuestra red debe estar orientada a sacarle el mayor rendimiento y utilidad, pero no sólo para uno mismo, sino para todos los integrantes de nuestra red. Construir redes debe ser entendido como algo divertido, agradable y que posibilite convertirnos en conectores poderosos o centrales ayudando a los demás a alcanzar sus objetivos.

Las redes crean oportunidades

Somos seres sociales y necesitamos de los demás. Sea cual sea nuestro objetivo necesitamos de la ayuda de los demás para estar más cerca de conseguirlo. Una buena red nos ayuda a nosotros y a todos sus integrantes a estar más próximos de alcanzar sus metas. Este hecho es fundamental ya que todos formamos parte de una tela de araña que nos vincula con otras personas, profesiones, empresas, comunidades…

Saber identificar las personas más importantes de nuestra red o de la red de la que deseamos formar parte es una de las claves de éxito. Toda vez que han sido identificados lo siguiente es ser capaces de aportarles valor en forma de información, contactos, trabajo o mediante la ayuda que podamos ofrecerles. Presentar estos recursos hará que seamos percibidos como un amigo, un proveedor de recursos valiosos o, simplemente, en una persona de referencia.

Las redes necesitan conversaciones, interacciones y transacciones

Desarrollar la red conlleva perder el miedo, trabajar en la mejora de habilidades sociales y de comunicación. El primer paso es perder el temor de presentarse al otro, ofrecerse para brindar ayuda, acudir a lugares de diálogo. Eso sí, tratando de estar en contacto con diferentes contextos y áreas diferentes: docencia, deporte, ocio, financiera, administrativa… Con esta diversidad de áreas en las que se desenvuelve la red podremos conectar diferentes ideas, propuestas, personas y oportunidades. Siempre desde el propósito de buscar un beneficio compartido.

Desarrollar una red requiere de algo más que perfiles en los social media. Se necesita aportar valor y atender las necesidades de los miembros de la red, en definitiva, preocupase por los demás. Para hacerlo solo hay que reflexionar acerca de las relaciones que deseamos hacer crecer, salir de la zona de confort que representa nuestra familia, amigos y compañeros de trabajo y buscar formas de hacerla crecer mediante la creación de valor que nos permita convertirnos en conectores. Conectores que ayudan a los demás a conseguir recursos, oportunidades, información o contactos que no lograrían de no ser por nosotros.

Bibliografía

  • Robinett, Judy (2014) “Networking estratégico” Editorial Paidós Empresa.
  • Anzures, Fernando (2016) “Social influence marketing”

 

 

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