El formador nómada

El formador debe ser un nómada y no busca un trabajo fijo

El formador debe abandonar su deseo de un trabajo fijo pues perdería su gran valor

Llevo alrededor de una década trabajando como formador. En estos años, gracias a esta profesión, he vivido y trabajado en Ávila, Salamanca, Guijuelo, Valladolid, Madrid, Ciudad de Panamá, David, Chitré, Cali, Medellín, Pereira, Barranquilla, Bogotá… Muchas las ciudades y otros tantos los centros educativos y formativos con los que he tenido la suerte de colaborar. Deseo, para años venideros, más ciudades y centros de formación se sumen a la lista.

Apenas a lo largo de estos años he logrado continuidad contractual con ellos, debido a la temporalidad de las acciones formativas y las medias jornadas, ante lo cual se resiente, fundamentalmente, el acumulado de las cifras que figuran en mi vida laboral aun cuando la lista de empresas y contratos no haga sino que crecer. No quiero que este post se convierta en un lamento sino en todo lo opuesto, pues considero que con ello he ganado libertad, flexibilidad y tener la oportunidad de seguir aprendiendo.

“Debemos involucrarnos en construir nuestra propia cartera de productos en modo de cursos y servicios si lo que queremos es sobrevivir y aportar al mejoramiento de la comunidad en la que desarrollemos nuestra actividad”.

Los formadores aportamos al mercado nuestro conocimiento y experiencias que tratamos sean de utilidad para empresas, profesionales y alumnos. Nos caracterizamos por el dominio de una disciplina de conocimiento que ofrecemos a empresas y centros de formación de forma independiente y en movilidad por lo que, el gran valor que aportamos, es un valor añadido gracias al conocimiento acumulado por las experiencias de colaboración anteriores.

En el entorno de la educación y formación, especialmente en la formación para el empleo, existe una carencia: la falta de colaboración y establecimiento de redes entre docentes. Necesitamos compartir información y recursos entre nosotros dejando de ser recelosos, aplicar a nuestra actividad dentro y fuera del aula el componente tecnológico, debemos ser creativos, desarrollar una gran capacidad de adaptación y flexibilidad ante cada centro y grupo de alumnos, estar abiertos al cambio y ser capaces de trabajar con cualquier persona.

La clave de tener empleo y ser productivos estará en la conectividad y relaciones que seamos capaces de establecer con los demás

Tengo claro que las empresas de formación siempre externalizarán a los docentes,  pues no les sale rentable contar con una plantilla fija de docentes a quienes retribuir durante todo el año, sino que el docente entrará y saldrá de los mismos con una alta frecuencia. Solo se mantendrá con mayor regularidad en plantilla si trabaja por proyecto de mayor duración como puede ser la definición de la oferta formativa de centro, construcción y comercialización de cursos privados…

Creo que los formadores deberemos en los próximos meses y años aumentar nuestra oferta de servicios  y que ésta no se reduzca a la impartición de contenidos construidos por otras, ya sean instituciones públicas o privadas. Debemos involucrarnos en construir nuestra propia cartera de productos en modo de cursos y servicios si lo que queremos es sobrevivir y aportar al mejoramiento de la comunidad en la que desarrollemos nuestra actividad.

Si queremos sobrevivir hemos de saber conectar con otros profesionales, colaborar y compartir experiencias pues ese será nuestro principal activo. La clave de tener empleo y ser productivos estará en la conectividad y relaciones que seamos capaces de establecer con los demás. Tenemos la obligación de disfrutar con lo que hacemos y abandonar la inacción de ser una oferta pasiva de empleo, sino que hemos de incorporar y adicionar una nueva propuesta de valor.

El principal valor añadido que aportamos está en el conocimiento acumulado de experiencias de colaboración anteriores con otros centros.

Esta propuesta de valor está en la construcción de nuestra propia marca personal y saber aplicar la transversalidad. Como formadores hemos pasado por numerosas experiencias que nos capacitan para saber resolver muchos de los problemas u obstáculos con los que un centro educativo tiene que lidiar. Es ahí donde podemos poner nuestras soluciones con el sello de nuestra marca que le aporte valor al centro con el que colaboremos en ese momento. La marca podemos comenzar a construirla desde nuestra web profesional, un blog o mediante una actividad adecuada en las redes sociales, no hay excusas para no hacerlo.

Eso sí, este nuevo perfil de formador no siempre es bien recibido pues en organizaciones muy jerarquizadas pues no acogen bien la noción de libertad y confianza ante alguien recién llegado y que apenas estará unos meses. Somos los formadores quienes tendremos que ponerle solución a este problema aportando propuestas de acción concretas. Por último, este nuestro perfil, provoca mucha desconfianza adicional ya que somos considerados como infieles que por un poco más de dinero nos vamos con otro centro a colaborar. Diría, en mi defensa, que uno elige proyectos no emolumentos.

 

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